UNA INVESTIGACIÓN DE EL MUNDO
LOS AGUJEROS NEGROS
DEL 11-M
Una versión policial repleta de incongruencias
FERNANDO MÚGICA
Han pasado ya 39 días desde los trágicos
acontecimientos del
11-M. Un tiempo prudencial como para que, dejando a
un lado los
inevitables impulsos emocionales que provocaron los
atentados,
reflexionemos sobre los datos revelados hasta ahora por
los
investigadores y, ante todo, sobre nuevos elementos que
ponen
en duda muchas de sus conclusiones.
EL MUNDO ha
conversado, durante este tiempo, con fuentes de los
distintos cuerpos de
seguridad del Estado, testigos cercanos a
los detenidos y analistas de
varias embajadas para elaborar un
laborioso puzle que abre horizontes
inquietantes.
En los días previos a las elecciones se
preparaban, en secreto,
golpes de mano espectaculares contra la cúpula
de ETA. Durante
el 11-M, y en los días posteriores, se
manipularon
informaciones, se desviaron pistas, se ocultaron datos
vitales
para el esclarecimiento de los hechos. Son los agujeros
negros
de unas jornadas que cambiaron, de una forma drástica e
imprevisible, el rumbo político del país. Las flagrantes
incongruencias
de lo que hasta ahora se ha conocido deben dejar
paso a la exigencia
ineludible de que se llegue hasta el fondo
de la verdad de todo lo que
sucedió.
El 10 de marzo, miércoles, el Gobierno de José María
Aznar está
muy tranquilo. Sabe por todas las encuestas que cuatro
días
después va a ganar las elecciones. El propio Felipe González
lo
declara en un círculo de íntimos esa misma tarde: "No tendrán
la
mayoría absoluta, pero van a ganar las elecciones".
Al presidente le tienen preparado un regalo de fin de curso. Sus
colaboradores más próximos saben que para él, la lucha contra
ETA ha
sido uno de los ejes centrales de su actuación. Por eso,
las Fuerzas de
Seguridad le van a dar una gran satisfacción que
a la vez servirá como
una última catapulta electoral para
arrasar en los comicios: la captura,
de golpe, de toda la cúpula
de la banda y de prácticamente todos sus
comandos operativos
conocidos.Aznar podrá así, dentro de su último
mandato y por un
margen de un par de días, cumplir con una de sus
promesas más
solemnes: acabar con el grueso de la organización
terrorista.
Se ha elegido cuidadosamente la fecha del gran
golpe: la noche
del viernes 12 de marzo, justo en el momento en que el
país
abandona la campaña electoral para sumergirse en la jornada
de
reflexión. Los agentes de campo están cada uno en su puesto
vigilando a los terroristas. El secreto de la operación es
absoluto. Las
Fuerzas de Seguridad han trasladado al Gobierno,
en las últimas semanas,
su preocupación al considerar que ETA
puede intentar un atentado salvaje
que irrumpa de forma
determinante en la campaña electoral. En este
sentido, se han
analizado hasta la saciedad los intentos de la banda por
volar
trenes en la estación madrileña de Chamartín coincidiendo con
la
tarde de la Nochebuena última.
Hay detalles de
Inteligencia que indican que es muy posible la
utilización de mochilas.
Los dos jóvenes capturados en una
carretera comarcal de Cuenca con una
furgoneta en la que
transportaban 500 kilogramos de explosivos, Irkus
Badillo y
Gorka Vidal, han declarado que ETA les había ordenado
la
colocación en la estación de esquí de Baqueira Beret, en las
últimas Navidades, de 12 bolsas y mochilas con explosivos para
que
explotaran de una forma coordinada. Tras observar el terreno
desistieron
de la acción.
Todos han dado por supuesto que la Guardia Civil
está detrás de
la captura en una operación de seguimiento de la
furgoneta desde
Francia, pero no es cierto. Aunque parezca imposible, ha
sido
una detención casual. Eso quiere decir que no tienen a los
nuevos comandos jóvenes tan controlados como creían. ¿Para qué
pueden
querer 500 kilos de explosivos en Madrid el 28 de febrero
si no es para
destrozar las elecciones?
Imagen del teléfono móvil
Triumph. Teléfonos móviles
También les preocupan los teléfonos
móviles. En la estación de
San Sebastián, los servicios especiales de la
Guardia Civil
habían encontrado semanas antes lo que calificaron como
una
bomba cebo. No se trataba de una trampa destinada a destrozar
a
quienes intentaran desactivarla. Por el contrario, era un
artefacto inofensivo pero que tenía como iniciador un teléfono
con dos cables, uno rojo y otro azul.
ETA ha intentado desde hace tiempo
utilizar teléfonos para
cometer sus atentados. Así lo hicieron en el
cementerio de
Zarautz, el 9 de enero de 2001, cuando se encontraban
reunidas
muchas personalidades junto a la tumba del concejal del PP
José
Ignacio Iruretagoyena, asesinado tres años antes. Los
últimos
informes de Inteligencia en poder del CNI explicaban con
detalle
las pruebas de ETA para utilizar teléfonos móviles como
iniciadores de bombas.
Informes anteriores detallaban que
los terroristas no habían
conseguido subsanar técnicamente un desfase
entre el momento de
la decisión de activar el explosivo y la explosión,
un corto
intervalo de tiempo que a veces era de unos simples
segundos.
Pero el último informe era categórico: al fin habían logrado
la
simultaneidad. Los teléfonos móviles ya eran operativos para
ETA. Presumiblemente, en el próximo gran atentado sería el
sistema utilizado por los asesinos.
En la mañana del 11 de marzo se
produce un enorme desconcierto.
Es importante la coordinación entre las
Fuerzas de Seguridad y
el Gobierno en funciones. Llegan las primeras
noticias del
atentado y con ellas los datos de que, al parecer, se
han
empleado teléfonos móviles para hacer estallar al menos 10 o
12
mochilas y bolsas en los trenes próximos a la estación de
Atocha. Por los datos aportados anteriormente, todos piensan en
ETA. Se
envía inmediatamente al norte la orden de que los
agentes operativos den
noticia de los objetivos que están siendo
estrechamente vigilados para
la macro operación preparada para
el viernes por la noche. Los informes
van llegando y el
desconcierto aumenta. Todos los etarras están en su
sitio.
Ninguno de los vigilados ha podido ser el autor de la
masacre.
Muchos recuerdan la furgoneta detenida en Cuenca y al
comando
que surge de la nada.
En ese momento de máximo
desconcierto, sucede algo que provoca
que el Gobierno cometa el mayor
error de su mandato. Comienza la
trampa. Un miembro de los Cuerpos de
Seguridad envía por
teléfono y desde el mismo lugar de los hechos la
primera
valoración del explosivo. Siempre de viva voz y sin que
nadie
ponga todavía nada por escrito se nombra la palabra
mágica:
Titadine. Es el fabricante de una modalidad de dinamita
que
utiliza habitualmente ETA.
La palabra se extiende
entre los que tienen algo que ver con el
caso y los primeros informes
que llegan a la Policía Nacional,
la Guardia Civil, el CNI, el Gobierno
de la nación y el Gobierno
vasco. El error al transmitir el informe sólo
puede ser
intencionado. Ningún experto policial, y menos los
especialistas
en desactivación de explosivos, podrían confundir Titadine
con
Goma 2. Los olores que provocan ambas sustancias son tan
diferentes como un plátano y una pera. Pero en los primeros
momentos de
confusión, téngase en cuenta que a esa hora de la
mañana ni siquiera se
sabe aún el número de víctimas, produce un
efecto multiplicador
demoledor. Esos primeros indicios son los
que le hacen pronunciar a
Ibarretxe aquel discurso tan
precipitado en el que, con una cara de
enorme preocupación,
arremete contra ETA después de considerar como un
hecho cierto
que han sido ellos los autores. El Gobierno también cae en
el
mismo error.
Aquí juega un papel determinante Arnaldo
Otegi, parlamentario de
Sozialista Abertzaleak, que insinúa a una radio
local del País
Vasco, Herri Irratia, que lo primero que le ha venido a
la
cabeza es que "el Estado español mantiene fuerzas de
ocupación
en Irak". La pista radical islamista se pone así en
marchapoco
después de las 10 de la mañana. Pero Otegi sólo trata de
ganar
tiempo.
Otegi miente
A las
13.00 horas volverá a reafirmar esta idea para salir al
paso de las
primeras declaraciones del ministro del Interior,
Ángel Acebes, que
defiende con rotundidad la autoría de
ETA.Otegi no contempla "ni como
mera hipótesis" que ETA pueda
ser la autora de los atentados de Madrid.
Pero está mintiendo y
el presidente del Gobierno a esas horas ya lo
sabe.
Las Fuerzas de Seguridad tienen constancia de una
conversación
que el propio Otegi ha mantenido con alguien de su entorno
antes
del mediodía -dos horas más tarde de sus primeras
declaraciones
exculpatorias para ETA- y en la que muestra su
desconcierto, su
miedo, su total estupor: "Si sale alguien por ahí (se
refiere a
alguien de los suyos) reivindicando esto, estamos
perdidos
definitivamente. Yo tengo que saberlo cuanto antes porque si
es
así no puedo volver a mi pueblo. Tengo que marcharme cuanto
antes. Necesito saberlo".
Lo que el Gobierno no conoce es que ya
en esos momentos se han
puesto a trabajar duramente un grupo de mandos
policiales y
algunos agentes del CNI, de la cuerda más dura y leal al
partido
socialista, para informar a sus dirigentes de todos los
detalles
que puedan conducir la situación en beneficio propio. Son
los
mismos que consiguen que cambie de manos la investigación y
que
la controlarán desde ese momento.
Se forma un equipo
hermético que deja de lado a la Guardia Civil
y que ralentiza las
informaciones que se pasan al CNI. Llaman,
sin embargo, cada pocos
minutos a una célula del PSOE que
obtiene así información privilegiada,
lo que les permite montar
una estrategia eficaz contra el Gobierno.
Saben que éste sigue
empeñado en la tesis de ETA y permanecen callados
para que
Aznar, Rajoy y Acebes se metan ellos solos en la
trampa.
La furgoneta Renault hallada en Alcalá de Henares.
A la vez,
comienzan a darse a conocer, a cuentagotas, detalles que
marcan
un camino a la opinión pública. En la misma mañana del
11-M
aparece una misteriosa furgoneta blanca. Un portero ha visto
a
tres sospechosos, con la cara y la cabeza cubiertas, junto a
una
furgoneta blanca marca Renault, modelo Kangoo. Uno de ellos
llevaba una bolsa y se ha dirigido hacia el tren, en torno a las
siete
de la mañana, en la estación de Alcalá de Henares. Se dice
en un primer
momento que la furgoneta no tiene huellas, más
tarde aparecerá, en el
transcurso de los siguientes días de la
investigación, una huella de un
joven marroquí a quien pronto se
acusará de ser uno de los autores
materiales de los atentados,
Jamal Zougam. Este podría ser el hombre que
vio el portero con
una bolsa entrar en la estación de Alcalá de
Henares.En su
entusiasmo, el testigo relata a la policía que era un
hombre
alto, como de 1,90 metros, muy fuerte. Zougam apenas
sobrepasa
el 1,60 de estatura.
El PSOE
informado
Miembros del PSOE, avisados por su gente en la
policía, saben
desde la mañana de la existencia de la furgoneta, antes
incluso
que el propio CNI. La Inteligencia española no conoce, a la
hora
de redactar uno de los informes que el Gobierno en
funciones
desclasificaría días más tarde, ni siquiera la existencia de
esa
furgoneta, matrícula 0576 BRX. Se dice que su dueño presentó
una
denuncia por desaparición del vehículo unos días antes, el 28
de
febrero, y que fue robada frente a su domicilio en el
populoso
barrio de Cuatro Caminos de Madrid. Cuando la
encuentran,
conserva las placas de matrícula originales y los
expertos
determinan que se ha utilizado sin forzar nada y con
llaves
originales. Al dueño le desapareció todo el manojo de sus
llaves
hace casi un año. Es falso que viva en Cuatro Caminos. Su
domicilio, como figura en la propia denuncia, está en una calle
con nombre de vegetal de la localidad de Torrelodones.
En la revisión de la furgoneta se tarda las horas suficientes
como para que el
Gobierno se meta un poco más en la trampa de la
autoría de ETA. Se da la
excusa de que la policía no tiene Tedax
libres. Todos sus especialistas
en explosivos están ocupados en
los lugares de los atentados. Pero lo
que no dicen es que la
Guardia Civil ofrece sus servicios de Tedax y son
rechazados de
forma categórica.
Muy avanzada la tarde, y
a pesar de que un perro-policía ha
demostrado horas antes lo contrario,
se da a conocer que se han
encontrado restos de explosivos. Incluso se
habla de un cartucho
de 125 gramos de dinamita Goma 2 Eco. No es cierto.
El perro que
se empleó para el reconocimiento no se comportó como lo
hacen
invariablemente cuando encuentran explosivos, con
inmovilidad
absoluta. En la furgoneta no había explosivos cuando la
policía
la precinta en Alcalá. La furgoneta es trasladada primero a
la
Brigada Provincial de Información en la calle Tacona de
Moratalaz. Desde allí, a las 14.14 horas, se lleva a las
instalaciones
de la Comisaría General de Policía Científica,
ubicadas en
Canillas.
Los funcionarios de la comisaría de Alcalá no habían
detectado
explosivos en su inspección ocular. Es en Canillas donde
se
encuentra, debajo de uno de los asientos delanteros, una
bolsa
con siete detonadores de distinto tipo y fecha.
Pero la noticia de la jornada, la que hace que todo dé un vuelco
definitivo, es la aparición de una cinta de audio con versos del
Corán.
Comienza a asomar así lo que un veterano investigador de
la policía ha
definido como el cuento de Pulgarcito, alguien que
encuentra el camino
porque previamente ha dejado las piedrecitas
blancas que le indican el
mismo. En la furgoneta hay también una
casete en árabe -junto a otras de
Plácido Domingo- pero lo que
nadie dice es que la cinta, grabada en
Arabia Saudí e
interpretada por un cantante, corresponde a unos versos
de
iniciación al Corán, algo que no cuadra en un peligrosos y
fanáticos terroristas islámicos.Es como si en manos de unos
terroristas
integristas católicos del IRA se encontrara un
librito de iniciación al
Catecismo.Pero el efecto mediático ya
se ha producido.
Una hora más tarde se da a conocer la reivindicación de un grupo
islamista, las Brigadas Abu Hafs Al Masri, que ha mandado un
e-mail a un periódico británico en lengua árabe, Al Quds Al
Arabi.Los especialistas
no le dan ningún valor como demuestra,
con sólidos argumentos, otro de
los documentos del CNI
desclasificados.Los que firman la autoría son un
grupo que en
los últimos meses ha reivindicado todo lo imaginable,
incluidos
los últimos apagones de Nueva York. En los días siguientes
se
producen hasta siet reivindicaciones diferentes de, al menos,
cinco grupos organizados, procedentes de cuatro países
diferentes.
Tenemos otra bomba
Otra pista
clave irrumpe de pronto en el panorama. A las dos de
la madrugada del
viernes, miembros de la comisaría de Vallecas
llaman a los Tedax después
de haber encontrado una bolsa que
contiene una bomba. No es la única que
no ha explotado a lo
largo del jueves.
En la mañana de
los atentados aparecen al menos tres más en las
cercanías de la estación
de Atocha y en la de El Pozo. En todos
los casos los artificieros optan
por destruirlas
inmediatamente.Se vuelan por los aires de esa manera
pistas
materiales que parecen imprescindibles para el
esclarecimiento
de los hechos.
Un joven policía
municipal relata su hallazgo muy
pormenorizadamente.Es un novato que
apenas lleva un año de
servicio. Jacobo Barrero cuenta cómo encontró
debajo de uno de
los asientos del segundo piso de uno de los trenes
afectado por
las explosiones una mochila negra. Cuando la abre, casi le
da un
síncope. Ve un teléfono del que salen dos cables, "uno rojo
y
uno negro", que están conectados a una fiambrera redonda de
color naranja. No habla en ningún momento de cartuchos. Corre
hasta una
tapia cercana con la bolsa y llama muy nervioso a sus
superiores. No le
hacen demasiado caso y decide volver a
intentarlo, esta vez con la
Policía Nacional.Atienden su aviso y
envían a los Tedax.
Varios expertos en la materia no entienden todavía por qué
decidieron
volar la bolsa. "Un simple chorro de agua podría
bastar para inutilizarla, sobre todo sabiendo que a pesar de los
traqueteos a los
que le sometió el agente que la había
encontrado no se había activado".
El caso es que aquella mañana
destruyen esa y el resto de las mochilas
que no habían
explotado. En el aire quedó un olor picante muy intenso,
nada
que ver con el Titadine cuyo nombre tanto había despistado en
un
primer momento.
Pero vayamos a la madrugada del
viernes. A las 2.40 horas, y a
requerimiento a través de una llamada de
los policías de
servicio, los Tedax, llegan a la comisaría de Vallecas
para
inspeccionar una bolsa azul, con asas de cuero. En su
interior
hay una masa gelatinosa, unos 10 kilos, de lo que luego
se
averiguará que es dinamita Goma 2 Eco, de la fabricada por
Explosivos Riotinto, unida a un detonador eléctrico marca
Riodets,
fabricado en Galdakano, Vizcaya, como los encontrados
en la furgoneta
blanca. Mezclados con el explosivo hay un kilo
aproximado de clavos y
tornillos.
Al día siguiente, se da a la prensa la versión de que
alguien en
la comisaría de Vallecas se había percatado del contenido de
la
bolsa por casualidad, después de que sonara un teléfono móvil
en
su interior. Se ha publicado que la bomba no había hecho
explosión a las 7.20 horas en el tren porque los terroristas se
habían
confundido al colocar la hora del despertador que tenía
que activar el
mecanismo. Pusieron la hora en PM en lugar de AM.
No es cierto. De
serlo, hubiera estallado a las 7.20 horas de la
tarde, y no fue
así.
La mochila trashumante
La realidad es que
esa bolsa dio teóricamente vueltas por Madrid
durante muchas horas sin
que nadie se percatara de ella. Algunas
versiones dicen que fue
trasladada hasta Ifema con el resto de
las pertenencias que se
encontraron y que nadie había reclamado.
Lo único que se sabe es que
alguien llamó desde la comisaría de
Vallecas a los Tedax a las 2.00
horas de la madrugada del
viernes para que se hicieran cargo de
ella.
La relación con los trenes es meramente
circunstancial.
Cualquiera podía haberla colocado en Ifema. La bolsa
esta vez,
contraviniendo lo que la policía había hecho hasta ese
momento
con las mochilas bomba que habían encontrado intactas, no
es
destruida. Los Tedax quieren deshacerse de ella y es un
comisario jefe quien se lo recrimina mientras uno de sus
inspectores
(Protección Ciudadana) se ofrece voluntario para
neutralizarla. Sea como
fuere, figura las 5.12 horas como el
momento en que es desactivada, en
un parque cercano. Es así como
se obtienen todas las pistas que llevarán
a los investigadores a
las primeras detenciones.
Es
sorprendente que en las imágenes policiales tomadas del
contenido de la
bolsa no aparece ningún tipo de cartucho de
dinamita. Sólo hay una masa
gelatinosa de explosivo, un teléfono
móvil con dos cables incrustados,
una batería para el teléfono
y, por supuesto, la tarjeta del móvil. Las
fotografías son
publicadas por la cadena de televisión estadounidense
ABC y
pueden ser contempladas por cualquiera en su página de
Internet.
Aquí viene uno de los episodios más curiosos
de toda esta
historia. La tarjeta del teléfono lleva a los
investigadores
hasta un hombre de raza gitana que es quien ha contratado
con
Amena ese número.Descubren así que la tarjeta está clonada y
que
el teléfono lo ha vendido una pareja de comerciantes indios
en
su establecimiento.¿A quién? A Jamal Zougam, un trapisondista
marroquí de poca monta que tiene un locutorio muy popular en
Lavapiés.
Precisamente se dedica a comerciar con tarjetas de
móviles, entre otras
cosas.Es un viejo conocido de la policía y
de los servicios secretos de
medio mundo.
Los franceses enviaron en 2001 una comisión
rogatoria
relacionándolo con Maher y Contelier, dos activistas
vinculados
a la organización Ansar al Islam. La policía registró en
aquella
ocasión su domicilio sin encontrar nada raro. Se trata de
un
hombre marcado. Es uno de los 300 marroquíes a los que el
servicio secreto da un repaso de vez en cuando por si está
haciendo algo
peor que robar con los teléfonos. Su nombre
aparece en el sumario del
juez Garzón por el 11-S y en las
agendas de Abu Dahdah, que está en la
cárcel como responsable de
la célula de Al Qaeda en
España.
En la tarde del viernes los investigadores que han
apostado por
la pista de ETA sienten alivio cuando les cuentan que
han
encontrado una tarjeta de teléfono en la mochila que no
explotó
y que es de fabricación francesa. Creen que el rastreo de
esa
tarjeta les va a llevar hasta San Juan de Luz. Por eso,
agentes
del CNI llaman a sus fuentes para comunicarles que la pista
de
ETA cobra, de nuevo, una gran fuerza y que es la más fiable,
a
pesar de todos los demás indicios. Acebes sale de nuevo en
televisión esa tarde y sonríe para sus adentros convencido de
que pronto
va a poder demostrar que la pista etarra es la
verdadera.
No es Al Qaeda
Los expertos en
terrorismo islamista han aportado además dos
nuevos datos que consideran
claves a la hora de descartar a Al
Qaeda: esta organización nunca
reivindica sus atentados hasta
después de un mes y medio de que los haya
cometido y, sobre
todo, jamás han robado una furgoneta, como la blanca
que se
encontró con la casete con versos del Corán, para una de
sus
acciones armadas. La compran o la alquilan.
Pero el
viernes a las 12 de la noche, cuando todavía los
gobiernos británico e
italiano comunican a Madrid que en su
opinión la autoría es de ETA, la
tarjeta del móvil no lleva a
ETA sino a Zougam. Los islamistas pasan a
primer plano y ya
nadie se atreve siquiera a insinuar la posibilidad de
que ETA
esté involucrada.Hace ya horas que por puro sentido común se
ha
paralizado la operación, preparada para esa noche, para
detener
a toda la cúpula etarra.
La juez francesa
antiterrorista Le Vert llama a una alta
personalidad del PSOE para
advertirle de que los expertos
franceses descartan a ETA. Un camarero
que se encuentra
sirviendo la mesa donde se recibe la llamada cuenta
que, en ese
momento, uno de los comensales pide el champán más caro de
la
casa y dice "¡Hemos ganado las elecciones!".
Dos
horas y media más tarde, como consta en la fecha y hora de
algunos de
los e-mail que se difunden, comienza a propagarse la
idea de que el
Gobierno miente y de que hay que ir a pedir
cuentas a las sedes del PP.
Pero sobre el terreno, no sólo están
los investigadores
españoles.
El enfado israelí
Agentes de muchos
servicios secretos occidentales se mueven con
rapidez e intercambian
informaciones. Los estadounidenses están
muy enfadados. A través del
Departamento de Estado han
solicitado, hasta en ocho ocasiones y de una
manera formal, que
se acepte a agentes del FBI en las tareas de
investigación. Son
rechazados sistemáticamente. Lo peor es que
Washington ha
advertido en los últimos meses a España de la necesidad
de
reforzar las medidas de seguridad ante la eventualidad de un
gran atentado en Europa.En Gran Bretaña, en Alemania, en
Francia, en
Italia se toman medidas excepcionales. Se suprimen
vuelos y se hace
ostensible la presencia de militares en
aeropuertos y estaciones. En
España no sucede nada de eso.
En la embajada de Israel, hubo una
actividad frenética durante
el 11-M. Su enfado era más profundo que el
de los
americanos.Desde hacía exactamente un año habían informado a
las
autoridades competentes en materia de seguridad españolas de
que
integristas islamistas preparaban en Madrid un gran atentado.
No
son informes difusos sobre una amenaza inconcreta. Al menos
en
10 ocasiones, agentes de la seguridad israelí se lo han hecho
saber a sus homólogos españoles.
En los últimos encuentros
aumenta la tensión. Jerusalén cree
saber que los terroristas, que están
sobre el terreno hace
tiempo, tienen ya el material suficiente para una
gran masacre.
Está todo listo y sólo falta la orden de llevarla a cabo.
Creen
que será contra la comunidad judía en España.
Los
agentes israelíes sienten un profundo malestar por la nula
capacidad
receptiva de sus interlocutores. La última advertencia
seria se la hacen
exactamente tres semanas antes de los
atentados del 11-M. La actitud de
indiferencia por la
información aportada que detectan en sus
interlocutores les hace
sentirse tan incómodos que sugieren a sus
superiores que lo más
conveniente sería no insistir para no enturbiar
las relaciones
entre ambos grupos.
Los españoles sólo se
tomarán en serio la advertencia a toro
pasado, cuando descubren entre
los papeles rescatados del piso
de Leganés donde murieron siete
terroristas planos y datos
concretos para realizar un gran atentado
durante una
concentración en el cementerio judío de Hoyo de
Manzanares.
A pesar de todas las consideraciones anteriores, los
atentados
de Madrid pillan a los israelíes por sorpresa. Los
primeros
detenidos no pertenecen a las células que ellos están
siguiendo.
Pero lo que más les llama la atención es el hecho de que
los
investigadores españoles no acepten su ayuda.
En
Israel se encuentran los mejores especialistas en medicina
forense
relacionados con terroristas suicidas. Tienen una enorme
experiencia en
casos similares a los atentados del 11-M, no en
vano han tenido que
sufrir 1.000 muertos en atentados parecidos
en los últimos cuatro años.
Por eso son capaces de saber
rápidamente si en los atentados han
intervenido kamikazes. Tras
las explosiones de Madrid pretenden volar
desde Tel Aviv varios
de estos especialistas para colaborar en la
investigación.
Falsos 'kamikazes
Pero la policía
española, que ya ha rechazado a los
estadounidenses, rechaza también a
los israelíes. Y eso, a pesar
de algunos rumores del primer día en los
que se difunde la
noticia de que puede haber restos de kamikazes entre
las
víctimas. En realidad se trata de una simple confusión, para
algunos intencionada.
En Ifema recogen y separan los restos de
las víctimas. Las
bolsas de plástico contienen signos de colores para
organizar
mejor la identificación. Hay tres bolsas aparte con restos
que
nadie es capaz de atribuir a una persona concreta. Hay
incluso
trozos de cuerpos de gente que está con vida en los
hospitales.
Esas tres bolsas dan lugar a los rumores difundidos por
medios
de comunicación y que luego quedarían desmentidos. El
propio
Zapatero hace llamadas en las que afirma que ya han
encontrado
restos de kamikazes y que el Gobierno lo
oculta.
Días más tarde y ya con la investigación avanzada,
los
especialistas israelíes no comprenden como el CNI y el resto
de
los Cuerpos de Seguridad españoles no fueron capaces de
detectar
ningún signo de que algo iba a suceder relacionado con
los
círculos islamistas y sin embargo, en un tiempo récord, han
sido
capaces de desentrañar la trama y detener a los autores.
Tampoco
consideran verosímil el hecho de que instigadores,
organizadores, proveedores de material y ejecutores sean un
mismo grupo,
mezclado entre sí, que dejan pistas comunes como
los números apuntados
en las agendas y las llamadas cruzadas de
los móviles. Nunca ha sucedido
algo así.
Los terroristas islamistas forman células
herméticas,
perfectamente impermeables. Los ejecutores no tienen nada
que
ver con los que organizan la logística, los que proveen el
material, los que lo financian, los que determinan los objetivos
o los
que idean los atentados. En el caso de Madrid se rompe el
modus
operandi.Además, saben por propia experiencia que nunca
utilizan
delincuentes comunes, ni personas que ya estén marcadas
o fichadas por
la policía y menos a confidentes policiales.
Tampoco se fían jamás de la
ayuda que puedan proporcionar
personas que no pertenecen a la comunidad
islámica.
La investigación avanza tan rápida que inmediatamente
aparece el
proveedor de los explosivos. Dicen que han llegado a él a
través
de los envoltorios de los cartuchos de dinamita encontrados
en
la mochila desactivada. Pero eso, según los técnicos es
materialmente imposible.
De hecho, en torno al ex minero, José
Emilio Suárez Trashorras,
de 27 años con baja laboral permanente, se
hacen un sin número
de afirmaciones que se difunden a bombo y platillo.
Se dice que
tiene ascendencia marroquí, antecedentes penales, y que se
puso
en contacto en la cárcel con presos marroquíes. También que
es
traficante de armas y que se vio en un bar de Avilés con los
participantes en los atentados de Madrid. Una publicación se
recrea con
la escena en la que José Emilio lleva una noche hasta
una pequeña
explotación minera a los terroristas, les abre las
puertas y les dice
"llevaos lo que queráis". Ninguna de las
afirmaciones mencionadas es
cierta.
Ex minero fantasma
José Emilio no es de
ascendencia marroquí, ni tiene antecedentes
penales, ni ha estado en la
cárcel en contacto con presos
marroquíes.Sus vecinos y ex compañeros de
trabajo lo definen
como un joven perturbado mentalmente, un simple
"tonto de baba".
Sólo tiene antecedentes por trapicheo de droga y la
sospecha de
que traficaba con dinamita, algo que nunca se le ha
podido
probar. En junio de 2001, y dentro de una operación
antidroga
denominada Pipol, fue detenido junto a su cuñado, un vendedor
de
coches usados.En un garaje de la calle Eloy Fernández de
Avilés
encontraron, dentro de un vehículo, una cantidad importante
de
hachís, 100 detonadores y 16 cartuchos de dinamita Goma 2
Eco,
de 125 gramos cada uno. El juicio por estos hechos aún no
ha
salido. Nadie ha podido demostrar la implicación del ex
minero.
Lo más que ha reconocido éste tras su detención actual, es
haber
proporcionado a unos marroquíes detonadores, algunos de
ellos
con bastante antigüedad. Luego implica a su cuñado,
Antonio
Toro, que está harto de sacarle de apuros, pero éste queda
en
libertad después de un interrogatorio. El dueño del bar de
Avilés donde dicen que se ha reunido con los terroristas afirma
que
jamás le ha visto en su vida.
Lo que realmente es cierto es que
José Emilio padece un
trastorno esquizoide depresivo, tiene problemas
psiquiátricos y
por eso la empresa en la que trabajaba, Caolines de
Merilés SL,
una mina de caolín en el concejo de Tineo, no le renovó
el
contrato, el 31 de octubre de 2002.
Los
investigadores descartan algo que se dio por cierto. La
furgoneta
Renault Kangoo blanca no pudo transportar los
explosivos desde Avilés
hasta Madrid. Sólo había recorrido 200
kilómetros desde que la robaron
hasta que la encontraron en la
mañana de los atentados.
Entonces, ¿qué es lo que relaciona a José Emilio con la dinamita
de los
atentados? Solamente dos cartuchos de dinamita Goma 2
Eco, de 125
gramos, encontrados en la mochila que fue hallada en
la comisaría de
Vallecas con el teléfono móvil que dio las
pistas de los autores de la
masacre del 11-M. Sin embargo, en
las fotografías oficiales del
contenido de la bolsa azul,
distribuidas a diversas policías extranjeras
y difundidas por la
cadena estadounidense de televisión ABC, no figura
ningún tipo
de cartucho.
Un veterano policía, conocedor
del mundo del hampa, ha comentado
a este periódico: «El mundo de los
choros [los pequeños
delincuentes] no se mueve como dicen que lo ha
hecho José
Emilio. No dudo de que pueda ser capaz de vender dinamita
por
una cantidad razonable de droga o de dinero. Se acababa de
casar
y podría necesitar más dinero. Pero lo primero que habría
hecho
tras venderles el material habría sido acudir al policía con
el
que tuviera más confianza para contárselo. El sabe que esa
información es oro y que le van a deber así un gran favor. Ese
tipo de
personas no tiene cuajo suficiente para callarse sin
saber qué van a
hacer con ese material. Las cosas no funcionan
así».
Una
de las falsedades más flagrantes que se han difundido en
torno a la
investigación es la aparición de una prueba material
para certificar la
autoría de los atentados por parte de
Zougam.Se publicó, con gran alarde
tipográfico, que la policía
había encontrado en el locutorio de la calle
Tribulete de
Madrid, donde trabajaba Zougam, un trocito de plástico
que
faltaba en la carcasa del teléfono hallado en la bolsa que
encontraron en la comisaría de Vallecas con la bomba que no
llegó a
explotar. El juez reconoció que no había podido
preguntar al detenido
por el tema ya que ese detalle no figuraba
en las diligencias
policiales.
Es un milagro haber encontrado un trocito del
plástico que
presuntamente faltaba en la carcasa, algo tan increíble
como el
pasaporte de Mohamed Atta que se encontró intacto, cerca de
las
ruinas de las Torres Gemelas, tras el atentado de Nueva York
el
11-S a pesar de que su propietario había teóricamente
estallado
en una bola de fuego al estrellarse el avión que conducía
80
pisos más arriba. Pero hay que añadir otro detalle
significativo.
El teléfono encontrado en la bolsa era un
Motorola modelo
Triumph según la mayor parte de las informaciones
difundidas. Se
especificó que ese Motorola se había comprado en una
tienda de
Alcorcón.Algunos comentaristas llegaron a señalar que
existía
miedo entre muchos consumidores que también poseían un modelo
de
uso tan corriente como ése. Pues bien, pueden tranquilizarse
ya
que el modelo de teléfono que estaba en la bolsa, como puede
apreciarse en las fotografías difundidas por la cadena
televisiva ABC
corresponde a un Mitsubishi modelo Trium (sin ph
final)
110.
Zougam estaba marcado
En torno a la
figura del hasta ahora autor material de la
masacre, Jamal Zougam, se
han difundido también muchas
fantasías. Todos los que le conocen
aseguran que era un musulmán
nada fanático y que iba a la mezquita lo
justo para mostrarse en
sus rezos poco ortodoxos.
Nunca había ocultado sus actividades de trapisondista.
Pertenecía al
hampa de esos pequeños delincuentes que se mueven
como pez en el agua
por el barrio de Lavapiés. Sabía
perfectamente que era observado
regularmente por la Policía
desde que su domicilio fue inspeccionado.
Era consciente de que
su locutorio estaba intervenido -como es el caso
de muchos de
los locutorios de Madrid-.Estaba marcado con varias cruces
en
todas las fichas policiales de numerosos países. Era la
persona
menos adecuada, por tanto, para que un grupo terrorista
le
invitara a participar en una operación secreta de tanta
envergadura. La mayor parte de los moros que pululan en los
ambientes de
la pequeña delincuencia en Madrid son confidentes
de la policía y/o del
servicio secreto marroquí -con una enorme
capacidad en
España-.
No es nada difícil encontrar personas de su entorno que
quieran
hablar de él. Bastará con dos ejemplos. Una señora de la
limpieza, marroquí, asegura conocerlo mucho: «A mí, como a mucha
gente,
me ofreció una tarjeta para el teléfono móvil con la que
podía llamar
gratis a Marruecos durante dos años seguidos sin
pagar nada. Claro que,
la tarjeta me costaba 30.000 pesetas. Era
un chollo pero me dio miedo
que pudiera meterme en un lío. No
quiero ni pensar la de gente que habrá
usado tarjetas de Zougam
y que ahora estarán pendientes de si los meten
en la
investigación de los atentados».
El segundo
testimonio es más sorprendente. Se trata de un joven
senegalés
fácilmente identificable porque tiene un defecto en un
ojo. Vive en
Lavapiés y asegura que ha trabajado para una
multinacional
estadounidense. Es informático y hace algunas
chapuzas en la tienda de
Zougam. Por eso está muy asustado ya
que una de sus «habilidades» es la
manipulación de tarjetas de
móviles: «Yo me libré de milagro. Trabajaba
en el locutorio de
Zougam.El día en que fueron a detenerle yo estaba
librando. Si
no, estoy convencido de que me hubieran detenido con
él».
Compraban gran cantidad de tarjetas. En todos los locutorios
de
Madrid de ese tipo se trafica con tarjetas clonadas. Es algo
sabido y «casi» permitido. «Lo más extraño», asegura el
senegalés, es
que la policía no se haya puesto en contacto
conmigo. No comprendo como
siendo Zougam una pieza tan
aparentemente clave en la investigación ni
siquiera han hablado
con todos los que trabajábamos allí.¿Acaso no les
interesa los
testimonios que podamos aportar?».
Zougam
no se comporta, tras el 11-M, con lógica. Seis días antes
del atentado
deja su pista en una llamada telefónica a Abu
Dahdah, el presunto jefe
de la célula española de Al Qaeda
implicado en el sumario del juez
Garzón sobre el 11-S. Es como
encender un letrero
luminoso.
Terremoto en el CNI
Después de
los atentados, sabe por las informaciones de la radio
que han encontrado
una mochila con una de las bombas del tren
sin explotar y que hay un
móvil con una tarjeta, la que
presuntamente vendió él. No le entra el
pánico. Sigue su vida
normal y espera a que, inevitablemente, vengan a
por él. No es
lógico para alguien que teóricamente está metido en una
célula
integrista que pretende seguir atentando en Madrid y que
por
tanto, aunque sólo fuera por razones operativas, no puede
permitirse el lujo de dejarse pillar.
En el CNI las cosas no
están para bromas. Tras el 11-M se
pasaron unas cuantas horas llorando y
lamentándose por no haber
sido capaces de impedir los atentados. Luego
llegó el momento de
las responsabilidades. Hay que tener en cuenta que
Jorge
Dezcallar, el máximo responsable del Centro, fue director
general, en Exteriores, con competencias en la zona del Magreb.
Fue
también embajador en Marruecos.
Para colmo, la segunda en el
mando dentro del CNI, la secretaria
general, es una mujer, María Dolores
Vilanova, que ocupó en el
Centro, en la época de Manglano el cargo de
responsable de
contrainteligencia de los países del Magreb. Dicho de una
manera
más sencilla, es la persona que mejor conoce el mundo del
hampa
y de los posibles agentes marroquíes infiltrados en España.
La
autoría de los chorizos marroquíes equivale a que un niño de
primaria hubiera metido un gol a Casillas desde 50 metros y en
una
portería de pocos centímetros.
En el CNI no se disimuló el
alivio por la pérdida del poder del
PP. Participaban del enfado de los
militares con el ex ministro
de Defensa Federico Trillo, a quien, en
privado, y a veces en
público, despreciaban.
El CNI
reunió informes según los cuales amplios grupos de
militares y sus
familias, en zonas tradicionalmente de derechas,
se habían pasado la
consigna de abstenerse en las elecciones.
En los pasillos del
Ministerio de Defensa no hubo ningún tipo de
disimulo. Había gente que
se abrazaba el lunes 16 en los
pasillos al comentar la victoria de
Zapatero en las urnas. En el
Centro se tiene grabado a fuego como una de
las grandes
cacicadas de Trillo la bronca destemplada que tuvo que
encajar
un agregado de Defensa destacado en Afganistán ante las
exigencias del ministro de que montara rápidamente, y sólo para
él, una
capilla para asistir a misa.
La gota que ha colmado el vaso ha
sido la desclasificación que
hizo el Gobierno de Aznar de documentos del
CNI en los que se
orientaba la autoría del atentado hacia ETA. Es verdad
que en
amplios ambientes del Centro las sospechas se dirigieron
durante
las primeras 40 horas hacia ETA. Se recogieron el 11-M
informes
que procedían de las cárceles en las que presas vascas
habían
celebrado con júbilo los atentados. Hubo incluso
incidentes
violentos por la indignación que eso produjo entre
presas
comunes. También se tenía constancia de que en reuniones
del
entorno abertzale la gente se había dividido claramente en
dos
sectores. Al primero, le parecía una barbaridad lo sucedido,
y
el segundo lo justificaba y anunciaba que ese era el camino y
que había que golpear más fuerte hasta que «se enteraran».
Agentes del CNI se quejaron, en las primeras horas después de
los
atentados, del hermetismo de los investigadores de la
policía. Les
llegaban las informaciones tarde. Reconocen que
miembros del PSOE tenían
una información mucho más puntual que
ellos.Lo que no aceptan es que no
hubieran advertido al Gobierno
del peligro islamista.
Las labores de vigilancia tienen que ser aleatorias. Es
materialmente
imposible controlar a los 300 principales
sospechosos de estar
relacionados con células integristas. Así
que se elige a unos cuantos y
se va rotando la vigilancia.
Zougam y el resto de los detenidos estaban
dentro de ese
operativo. Los móviles son un buen punto de partida pero
los
cambian con enorme facilidad: «En ocasiones conseguimos una
orden del juez para intervenir un teléfono y cuando nos ponemos
a ello
el vigilado ya ha cambiado de teléfono». Se ha seguido a
los sospechosos
en el extranjero. Son vigilancias caras en
material y en hombres. De
pronto, gente que vive muy sobriamente
en España, se desplaza sin
problemas de billetes de avión y
comienzan a manejar dinero en
abundancia.La mayor parte proviene
de donativos que se canalizan a
través de organizaciones de
caridad promovidas por Arabia Saudí. ¿Cuanto
tiempo puede durar
una vigilancia de este tipo si el observado no comete
ningún
acto delictivo durante años? «Al final lo que la gente ve es
la
delincuencia en la calle. eso es lo que preocupa y por eso es
lógico que los políticos dediquen más medios a combatir ese tipo
de
cosas que tienen un resultado práctico mucho mayor para los
votantes».
La pista falsa iraquí
No
es cierto que se despreciaran pistas como la iraquí. Por
ejemplo, se ha
hablado mucho de un coronel iraquí que viajó
hasta España antes de los
atentados. Lo que no se ha comentado
es que el CNI tomó buena nota de la
información que le pasó el
servicio secreto italiano sobre el tema. De
hecho existe un
documento de dos folios en el que se detalla el asunto.
Tiene
fecha del 11 de febrero, justo un mes antes de los atentados.
En
el texto se avisa sobre un rumor de que el ex coronel de
Sadam
Husein, Walid Salem Omar tenía prevista su llegada a España el
6
de febrero de 2004 dispuesto a cometer atentados. Su empresa,
Ibn Fernas, está englobada en el grupo Hispano Arabe SA que
tiene su
sede social en el Paseo de la Habana de Madrid. El
documento especifica
que Walid se había detenido en Siria donde
había sacado una gran
cantidad de dinero en metálico de un banco
de Damasco. Siempre según el
escrito, viajaría con ese dinero y
habría hecho una escala técnica en
Marruecos, concretamente en
Agadir. El CNI siguió por supuesto esta
pista, como otras muchas
que llegan procedentes de servicios de
información extranjeros,
sin que se obtuviera ningún resultado
positivo.
El comportamiento atípico y fuera de toda lógica de
los
marroquíes acusados de los atentados lleva a situaciones
incomprensibles.Por ejemplo El Tunecino, Sharhane ben Abdelmajid
Fakhet,
vive tranquilamente en un piso alquilado sin dar ruido.
Pero unos días
antes del 11-M, abandona la casa y llama la
atención hasta el punto de
que Rafael, el casero, se presenta a
la policía para denunciar que se ha
marchado sin pagar. Otro
letrero luminoso en el camino.
El colmo de los despropósitos se refleja en que los
investigadores no
tienen el menor interés en revisar el piso a
pesar de que, según el
dueño, está lleno de papeles, cintas de
audio, etcétera.A la policía no
parecen interesarle las
pertenencias de quien se presenta ante la
opinión pública como
el cerebro inductor.
Barbacoa
terrorista
Lo mismo sucede con los habitantes de la casa de
Morata de
Tajuña, en el kilómetro 14 de la carretera 313, cerca de
Madrid.
Los investigadores dicen que han llegado hasta allí a través
de
una laboriosa búsqueda triangulando las llamadas de los
teléfonos móviles. Pero la policía conocía la existencia de esa
casa y
la había vigilado en varias ocasiones.
Las huellas de los
sospechosos están naturalmente dentro, ya que
eran ellos quienes la
habitaban ocasionalmente de una forma
abierta y con una buena relación
con los vecinos. Son éstos los
que ven a muchos de los que luego
morirían en Leganés haciendo
-¡dos semanas después de los atentados del
11-M!- una barbacoa
con niños y parientes incluidos. A uno de los
implicados, Jamal
Ahmidan al que apodaban El Chino los vecinos lo
conocen bien
porque les ha prestado en ocasiones su moto. No era un
islamista
radical sino un delincuente de poca monta como el resto de
la
cuadrilla. Era un viejo conocido de la policía marroquí. Lo
habían condenado a cuatro años de cárcel en Marruecos por un
asesinato
relacionado con el tráfico de drogas y había cumplido
dos años y medio
de condena. Su ficha aparece en todos los
servicios policiales europeos
por sus raterías. La policía
marroquí pasó a la española todo lo que
tenían sobre él hacía
tiempo. Si hubiera estado involucrado siquiera
mínimamente con
los radicales extremistas hubiera sido uno de los
1.600
procesados en el macrojuicio de Marruecos de 2003 por los
atentados de Casablanca y por el que se detuvieron, con los
ortodoxos
métodos de nuestros vecinos, a 6.000 personas.
Se le ha
presentado como un integrista radical, pero los vecinos
de Morata de
Tajuña explican que se le veía en compañía de dos
jóvenes muy guapas,
con un piercing, pantalones de cuero
ajustados y camisetas que dejaban
la tripa al aire.
Existe constancia de que la casa estaba
vigilada mucho antes de
que la policía la "descubriera". No hay más que
comprobar la
denuncia que presentaron varios vecinos, primero ante el
091 y
más tarde ante el 062 de la Guardia Civil, días antes del
11-M,
el 7 domingo a las 10.50 de la mañana -según consta en una
cinta
grabada- por considerar que los habitantes de aquella casa
les
infundían sospechas en relación con trapicheo de drogas y
mercancía robada.
La Guardia Civil alegó después del 11-M, que
no querían seguir
esa vía de investigación para no interferir con la
labor de la
policía, que era quien llevaba todo el caso de los
atentados.La
realidad es que la proverbial rivalidad entre distintos
cuerpos
policiales ha llegado a uno de sus puntos culminantes a raíz
de
los atentados del 11-M. La Policía no ha permitido el menor
resquicio a los investigadores de la Guardia Civil.
No
tenemos nada
El día anterior al descubrimiento teórico del piso
de Leganés,
una funcionaria involucrada directamente en la
investigación
reconoció a un compañero de Información: "La verdad es
que
tenemos muy poco. De lo del ex minero no sale gran cosa. No
sabemos la procedencia de la dinamita. Todo está cogido con
alfileres.
No hay pruebas materiales, sólo nombres en agendas y
llamadas
telefónicas entre unos y otros. Lo más sólido son los
testimonios
espontáneos de varios testigos que aseguran haber
visto a varios de los
acusados en los trenes, aquella mañana".
El problema es que después de
que sus fotos se publicaran en
todos los periódicos la gente ha podido
reconocer esos rostros
inducidos por lo publicado y no porque los
recordaran realmente.
Después de una situación anímica como la que
tuvieron que
soportar en los atentados, los supervivientes no son
muy
fiables, según los psicólogos. Y menos cuando hay que
distinguir
entre ciudadanos marroquíes que para muchos son
fácilmente
confundibles. Hasta la fecha, ninguno de los detenidos
ha
reconocido la participación en los atentados.
El
sábado 3 de abril, las esperanzas de los investigadores
estaban
centradas en nuevos rostros. Se habían repartido
retratos a los medios
de comunicación de los cerebros,
inductores o dinamizadores de los
atentados. Y aquí llegamos al
capítulo de Leganés, el más incoherente de
toda la historia. En
la tarde de ese día, según comentaron más tarde
fuentes
policiales, se localiza a través de las llamadas de
teléfonos
móviles un piso en Leganés en el que puede haber
terroristas
implicados en el 11-M. No es cierto. Habían sido ya
localizados
días antes a través de fotografías que enseñan a los
comerciantes de la zona. Es así como saben que el llamado El
Tunecino y
El Chino pueden estar residiendo en el número 40 de
la Avenida Carmen
Martín Gaite. Sin explicación posible y
después de este hallazgo, la
policía da a los medios las
imágenes de los hombres que pertenecen a ese
grupo para que se
publiquen. La gente se familiariza con sus rostros.
Los
terroristas no deben de comprar periódicos ni ver
informativos
de televisión, ya que no se dan por
enterados.
Según los investigadores siguen con su macabra
actividad hasta
el punto de que se acercan a la vía del AVE en la
provincia de
Toledo y colocan una mochila con explosivos «pero sin
iniciador»
con una mecha de más de 130 metros. Aterrorizan así de nuevo
al
país. La bomba, según las autoridades, está colocada entre
las
10 y las 12 del mediodía. El hecho cierto es que azafatas
del
AVE que hicieron el turno del tren Madrid-Sevilla a las 7.00
horas ven una inusitada actividad de la Guardia Civil en las
vías a lo
largo del trayecto. Miembros de la Benemérita entran
en los vagones de
ese tren después de su llegada a Sevilla, a
las 9.50 hora para revisar
todos los rincones, incluidos los
contenedores de
desperdicios.
La farsa de Leganés
Tan sólo
24 horas más tarde, la investigación tomará un giro
sorprendente. A
primera hora de ese sábado, algunos concretan la
hora en las 7.00 hora
de la mañana, el grupo de los geos recibe
la orden por la que deben
estar preparados para una operación
importante. Así se lo comunica el
Gobierno en funciones, esa
misma mañana, a altos cargos del Partido
Socialista.
La versión posterior contará que varios de los
terroristas
consiguen romper el cerco policial en torno a la casa de
Leganés
y llegan por la tarde hasta el piso del número 40. Lo
lógico,
cuando los terroristas aún no se habían dado cuenta de que
se
estrechaba el cerco, era haberlos capturado, uno a uno y con
total discreción cuando salieran o entraran en la vivienda. Por
el
contrario, se extiende la versión de que uno de los acusados
baja la
basura, se percata de la presencia policial y avisa
-primero se dice que
por el móvil, después que a gritos- de lo
que estaba en
marcha.
Al menos una decena de agentes de paisano -según el
testimonio
directo de los vecinos- ocupan posiciones en la parte
interior
ajardinada de la casa, donde está la piscina, de una forma
nada
discreta. «Mamá, ¿los que llevan pistolas son malos?», comenta
a
sus padres un niño de la urbanización. Y comienza un tiroteo
sin
que intervenga todavía la dotación de geos.
La
llegada de éstos cambia las cosas. Son profesionales
altamente
cualificados y con una gran experiencia en el asalto
de lugares donde
hay gente armada y peligrosa. Pero
incomprensiblemente -como ha
denunciado públicamente uno de los
propios geos que intervienen- no se
cumplen ninguna de las
reglas del protocolo de actuación. No se espera a
que llegue el
negociador, un psicólogo cualificado para dialogar
con
delincuentes peligrosos. No hay intérprete. No se aguarda a
la
hora de la madrugada en el que el cerebro de los terroristas
está más debilitado. No se intenta pactar la entrega. Ni
siquiera se
sabe el número de los ocupantes.Simplemente, y
desoyendo la opinión de
los propios responsables de los geos, se
ordena el asalto, a pesar de
que es vital cogerlos vivos para
conocer la verdad de lo ocurrido el
11-M.
Todo vuela por los aires al comenzar el asalto. Muere un
geo y
los cuerpos de los terroristas quedan esparcidos en un área
de
más de 60 metros. El ministro Acebes dice en su primera
comparecencia, tras lo sucedido, que son cuatro los terroristas
que se
han inmolado. También explica que guardaban en un armario
dos mochilas
con explosivos preparadas para hacer explosión,
similares a la
encontrada en la vía de tren. Más tarde se
hablará de grandes fajos de
dinero en euros, perfectamente
organizados. Las imágenes del día
siguiente demostrarán que del
piso sólo quedan los pilares limpios.
Aumenta a siete la cuenta
de los islamistas muertos. Se trata del núcleo
del comando, de
los movilizadores y de al menos una buena parte de los
autores
materiales del 11-M.
El relato posterior de los
hechos se adorna con historias sobre
cuerpos desnudos purificados por
cortinas blancas en forma de
sudario, cánticos en círculo y
conversaciones telefónicas. La
madre de El Chino lo corrobora desde su
domicilio en Tetuán."Mi
hijo se despidió de mí diciendo que iba al lugar
que le estaba
reservado. Luego escuché una gran explosión y poco después
se
corto la línea". No se puede saber lo que escuchó esa madre
atribulada, pero desde luego no pudo ser la explosión. La
dinamita tiene
una fuerza explosiva de salida de más de 8.000
metros por segundo.Si el
teléfono de su hijo estaba a menos de
dos metros de la carga explosiva
se volatilizó mucho antes de
que pudiera transmitir el sonido de la
bomba que ha enterrado
definitivamente la esperanza de conocer toda la
verdad del 11-M.
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