URANIO EMPOBRECIDO DE USO MILITAR

 

 

El uranio empobrecido es aquel que contiene una fracción de isótopo U-235 inferior a la natural (0,71%). La mayor parte tiene su origen en el proceso de enriquecimiento siendo un subproducto del mismo.  Tiene algunas aplicaciones militares más o menos reconocidas:

El principio de la munición antiblindaje consiste en impulsar un núcleo metálico denso a alta velocidad para así concentrar un máximo de energía cinética en el punto de impacto. Los dos metales utilizados en esta aplicación son el tungsteno y una aleación de uranio empobrecido y titanio llamada Staballoy. Aunque el tungsteno es ligeramente más denso, el uranio empobrecido tiene dos ventajas. En primer lugar, su fractura en el impacto genera fragmentos afilados, que penetran mejor el blindaje. En segundo lugar, es pirofórico, es decir, se inflama espontáneamente al contacto con el aire por encima de cierta temperatura (típicamente 600 °C). Así, cuando un proyectil de uranio empobrecido alcanza un blanco no sólo penetra el blindaje sino que además se inflama al llegar al interior del vehículo, incinerando a la tripulación o desatando la explosión del combustible o las municiones.

Se cree que entre 17 y 20 países incluyen o fabrican munición cuyos núcleos poseen como principal componente ojivas de uranio empobrecido en su arsenal aunque sólo los EE. UU. y el Reino Unido han admitido haberlas usado, en particular en los conflictos de Bosnia (1995), Kosovo (1998) e Irak (1991 y 2003).

La alta densidad del uranio empobrecido también lo hace adecuado para incorporarlo a blindajes de carros de combate. Se cree que el M1 Abrams estadounidense es un ejemplo de este uso.

Existe una controversia sobre si las armas a base de uranio empobrecido deberían ser prohibidas por las convenciones internacionales. El argumento de sus detractores es que el uranio se pulveriza en la explosión, formando nubes de partículas ligeramente radiactivas que contaminan amplios territorios. En 2001 la ONU averiguó que, contrariamente a lo asumido anteriormente, la munición de uranio empobrecido estadounidense contiene plutonio y proviene por tanto de plantas de reprocesamiento, no de enriquecimiento, por lo cual su radiactividad es más alta de lo que se creía. El ejército estadounidense lo admitió y lanzó medidas para corregirlo.

Parece que como en el caso del cerdo, del uranio se aprovecha todo.  Y a diferencia del cerdo, para todo lo malo.  Porque la controversia, como se ve es más de dónde sale este uranio empobrecido, no de las consecuencias funestas para la salud que tiene.

En los últimos treinta años —desde que se tiene conocimiento de que ha sido usado con fines bélicos—, la controvertida historia del uranio empobrecido como arma de guerra continúa siendo un asunto enrevesado sobre el que, en los circuitos de la política internacional, se han acumulado polémicas y silencios, desmentidos y contradicciones . Esto a pesar de los efectos colaterales provocados por las municiones de uranio empobrecido que han resultado ser, según importantes instituciones especializadas en la materia, de riesgo para la salud.

En concreto, la Agencia de Protección Medioambiental de EE .UU. lo ha considerado “un riesgo radioactivo para la salud”. El Laboratoire de Radiotoxicologie Experimentale de Marsella (Francia) incluso ha llegado a sugerir que la exposición a esta sustancia puede alterar el ADN. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció —ya en el lejano 2001— que “el uranio empobrecido es un elemento potencialmente tóxico desde el punto de vista químico y radiológico, y sus órganos diana son fundamentalmente los riñones y los pulmones”. Incluso, la OMS ha reconocido que “las partículas insolubles de uranio inhalado (…) tienden a quedar retenidas en el pulmón y pueden provocar radiolesiones en ese tejido, e incluso cáncer de pulmón”. La forma más habitual y que conlleva más riesgo de absorber el polvo tóxico que desprenden las municiones de uranio empobrecido (cuando impactan) es la inhalación.

Algunas pruebas de su utilización hablan de que se usa de manera masiva:

Así y todo, se sigue utilizando. La última vez (de la que se tiene constancia) ocurrió en 2015 en Siria, donde lo usó el Gobierno de EE UU. Lo admitió la propia Administración estadounidense, en concreto el mayor Josh Jacques, portavoz del Mando Central del país (CENTCOM), en una conversación con la revista Foreign Policy y Airwars, una web que informa sobre las repercusiones de las actividades bélicas en Siria, Irak y Libia. En particular, según precisó Jacques, Estados Unidos disparó 5.265 balas de 30 milímetros fabricadas de uranio empobrecido los días 16 y 22 de noviembre de 2015. Los ataques, que provinieron de una nave de combate A-10 ‘antitanque’ de su fuerza aérea, destruyeron 350 vehículos, presuntamente de Daesh.

Antes decíamos que USA y Reino Unido han reconocido su uso.  Ahora se puede unir Italia:

El caso italiano ha elevado a cotas kafkianas el debate sobre el uranio empobrecido. El motivo es la reiterada negación por parte del Estado del riesgo que implica para la salud el uso de esta sustancia (con todo lo que conlleva para las víctimas, como la ausencia de protocolos específicos para quienes enferman) y que, incluso, ha suscitado campañas públicas de exsoldados y ONG, que le han dado visibilidad al fenómeno.

Hasta la fecha, han fallecido 340 soldados italianos y hay 4.000 enfermos, de acuerdo con el Osservatorio Militare (OI), la ONG italiana de abogados y exmilitares que lleva este macabro conteo. En su mayoría, se trata de militares que participaron en misiones en los Balcanes, pero también hay casos de Somalia, Irak y Afganistán.

Soldados que, según OI, han denunciado no haber sido informados previamente de los riesgos que corrían (como sí hace, por ejemplo, el Ejército de EE UU) y haber operado en el terreno sin los equipos técnicos necesarios para resguardarse del mortífero polvo que desprenden las municiones de uranio empobrecido. Y que, una vez enfermos, han tenido que batallar para ver reconocidas una asistencia e indemnización específicas para estos casos justas.

La lucha de los soldados italianos afectados por el uso militar del uranio empobrecido ha logrado algunas victorias:

Todo ello a pesar de que, desde que se revelara que EE UU lo usó con fines militares en la primera guerra del Golfo y luego la OTAN volviera a hacerlo a finales de los 90 en los Balcanes (Serbia, Kosovo y Montenegro), los abogados italianos han sentado unas 70 veces en el banquillo de los imputados al Estado, obteniendo cuantiosos resarcimientos (aquí una de las sentencias, en italiano) para los militares italianos que participaron en aquellas misiones, enfermaron y denunciaron.

Parece que no es sólo el Ministerio de Defensa español el que no es solidario con sus propios militares, como ya hemos publicado en otras ocasiones.

Además, también hay que resaltar que nadie habla de los afganos, sirios, etc., naturales de los países donde se ha usado este armamento y que estarán padeciendo enfermedades de las que ignorarán su causa.  De ellos nadie se ocupa y, en nuestra opinión, también deberían ocuparse los países que llevaron y utilizaron el armamento de uranio empobrecido.

 

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